
Cuando acudes a la Copa del Rey no vas a ver sólo baloncesto. Va más allá. Es un estilo de vida durante cuatro días. Cada equipo busca representarse no sólo en la pista, sino también en la grada. O se podría decir incluso que sobre todo en la grada. Miles de aficionados visten sus mejores galas para apoyar a su equipo, mientras el equipo anfitrión abre gustosamente sus puertas para dar cobijo a todos.
Obviamente, los seguidores del Caja Laboral ocupan la mayor parte del pabellón. La charanga sale a la luz cuando juega su equipo. Pero a los baskonistas les gusta el baloncesto, por eso no fallan a la cita juegue quien juegue. Y tienen su rival preferido, el Bilbao Basket. Por eso, cada cierto tiempo, se oye en el Buesa Arena el “bilbaíno el que no bote”. Los hombres de negro, lejos de arrugarse, replican con burla, mediante gritos como “otra, otra” o “tú sí que vales”.
Pese a que eran los que más distancia tenía que recorrer, la afición del Gran Canaria es muy representativa, con un bastión que ocupa dos anfiteatros y varios subgrupos repartidos por las gradas. Se les distingue porque van de amarillo o, como homenaje a su tierra, disfrazados, porque no hay que olvidar que estamos en época de carnaval. El “pío, pío” resuena por el pabellón, arropado por las camisetas rojas del Caja Laboral.
Mención aparte merece la Demencia estudiantil. Cuánto más complicado está el partido, más cantan, con una amplío, amplísimo repertorio. Jugadores y cuerpo técnico mencionaron en las redes sociales lo “impresionante” que estuvieron los fans 'azules'. Pero su presencia también se nota cuando no están los suyos en el parqué: cánticos sin sentido, la conga por los pasillos y complicidad con los simpatizantes locales.
Dracs, grupo supporter del Regal Barcelona, no para de animar durante el partido
Los culés van por libre. El grupo de supporters Dracs, con su camiseta amarilla y su tambor característico, animan y animan. Y siguen animando. Da igual cómo vaya el marcador, si Lorbek se juega una canasta decisiva en el último segundo o la entidad del rival. Ellos no paran, sólo en el descanso para tomar aliento. Y muy respetuosos. Su teoría es muy sencilla: No hay que insultar a los contrarios, sino apoyar a los tuyos.
La estancia del Real Madrid en Vitoria es breve, como la de algunos de sus aficionados. Los blancos se arrancan por momentos, aunque el ‘clásico’ lo vibran más con nervios que con gargantas. Eso sí, no dudan en participar en las famosas olas mexicanas. Como los maños del CAI de Zaragoza, que cobran protagonismo pese a que tienen que competir contra el Baskonia y están en clara diferencia. O como los valencianos, que se agarran al naranja para hacerse notar.
Cada uno con su historia, con sus costumbres y sus colores. Pero con un nexo en común: BA LON CES TO



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