Dicen que no existe, que es una quimera. Un sueño, un imposible. La perfección es esa aspiración que por mucho que persigas, nunca alcanzas. Y dicen con razón. Sin embargo, sí que es real el rastro que deja intentarlo.
El jugador más joven en acumular 20.000 puntos en la historia de la NBA nunca ha sido, es, ni será, un anotador. Qué paradoja. O al menos no sólo una de esas fieras cuyo baloncesto se limita, en gran medida, a una relación puramente individual con el aro. Esta semana, a los 28 años y 17 días, LeBron James se convirtió en el más precoz en alcanzar la citada cifra.
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