Han pasado más de nueve meses desde que Ricky Rubio se lesionó gravemente en su rodilla. Como un parto. Por la larga duración. Pero también por la alegría que llega después del sufrimiento. Si todo va bien, la alegría le llegará a Ricky Rubio ante Dallas Mavericks. Y también a los aficionados de su equipo, Minnesota Timberwolves, y a todos los aficionados al baloncesto.
Si hay una palabra que defina el juego del base español es precisamente esa: alegría. Su explosión en su primera temporada en la NBA fue increíble y en poco tiempo se ganó a la afición y a los compañeros. El 5 de marzo, en un partido ante Los Angeles Lakers, llegó el mazazo para Ricky, que no sólo se perdería el final de la temporada con Minnesota, sino también los Juegos Olímpicos de Londres con la Selección Española y el inicio del nuevo curso en la NBA.
El base español está plenamente recuperado y ahora sólo falta que vaya teniendo minutos en pista y coja el ritmo de competición. Atrás quedarán muchas horas de rehabilitación. Por delante, un presente y un futuro de alegrías. Para él y para todos.


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