
Jennifer Marie Capriati es el ejemplo claro del daño que le puede hacer a un deportista alcanzar la fama demasiado pronto. La ‘niña prodigio’ del tenis femenino de principios de los 90, hija de un boxeador italiano, llegó al tenis como un ciclón. Con sólo 13 añitos, en 1990, y cuando se le quedaban pequeñas las rivales de su edad, Jennifer debutó en el tenis profesional en Boca Ratón, donde llegó a la final y se coló entre las diez mejores tenistas del mundo.
El siguiente año, con sólo 14 años, llegó a las semifinales de Roland Garros y de Wimbledon, siendo la más joven en alcanzarlo y con 15 años logró el primero de sus grandes éxitos al conseguir la medalla de oro en los JJOO de Barcelona, tras derrotar en la final a Steffi Graf. Parecía que lo tenía todo para ser la mejor tenista de toda la historia, pero conoció el éxito tan joven que se perdió vivir todo lo que una adolescente suele disfrutar.


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